Perseguir la noche
Perseguir la noche Capítulo: Desayuno al amanecer Por Ernesto Canto @elreydelcatre El Centro Histórico amaneció cerrado. No por una manifestación ni por algún sobresalto de la ciudad, sino porque el medio maratón le había robado las calles al insomnio. Salí del Utero a las cuatro de la mañana, cuando la música apenas comenzaba a convertirse en zumbido y los últimos abrazos ya no prometían nada. Tomé Eje Central rumbo al norte. La ciudad, por primera vez en muchas horas, parecía hablar en voz baja. Los semáforos cambiaban para nadie y el pavimento todavía guardaba la humedad de la noche. Quería llegar a Madero. Como diría Carlos Fuentes, había que pasar por Madero para maderear. Hay calles que no se cruzan: se recorren como un ritual. Ahí, entre edificios centenarios y el silencio improbable del alba, uno entiende que la Ciudad de México nunca duerme; simplemente cambia de turno. Doblé por Isabel la Católica y salí a Cinco de Mayo. El Café Popular seguía ahí, fiel a su vocación de ...